lunes, 26 de noviembre de 2012

MI ORDENADOR VULNERA LOS DERECHOS HUMANOS


¿MI ORDENADOR VULNERA LOS DERECHOS HUMANOS?
El coste social y ambiental de la alta tecnología
Los derechos humanos han hecho un largo camino, avanzando poco a poco a lo largo de los años. Estos avances no han sido iguales en todos los países del mundo, y hay grandes diferencias entre estados. Así pues, aunque en un país se puedan respetar estos derechos, la globalización1 ha creado situaciones en las que la aplicación efectiva de los derechos humanos más allá de las propias fronteras escapa al control de los estados y sus sociedades civiles.
Los productos de alta tecnología (en adelante AT) son un claro ejemplo de globalización, y también de los problemas que puede comportar. Dentro del ciclo de vida de estos productos, nos podemos encontrar que la materia prima se extrae en países como la República Democrática del Congo, se manufactura en países como México y Filipinas, los principales consumidores son los países de la OCDE, y una parte muy considerable acaba como desechos en países como Ghana, China y la India. En cada una de las etapas del ciclo de vida nos podemos encontrar violaciones de los derechos humanos: atentados contra la dignidad, la igualdad, el conocimiento, la convivencia, la libertad o la vida acompañan el ciclo de vida de los productos de AT como una sombra oculta a los ojos de los usuarios de estos productos.

¿Qué se hace con el e-waste?
Afortunadamente, en nuestro entorno es cada vez más habitual que las personas dejen de tirar los productos electrónicos a la basura. No hace tanto, era habitual encontrar en el contenedor televisores, teléfonos móviles o computadores.
Estos productos, en caso de acabar en un vertedero pueden filtrar elementos como plomo, mercurio, arsénico, cadmio o berilio en el suelo, contaminando el medio ambiente y atentando contra derechos básicos del ser humano3.
Conscientes del problema del e-waste, los gobiernos han tenido iniciativas para tratar los residuos, que van desde la recogida selectiva voluntaria hasta la prohibición de tirar ciertos productos a la basura “normal” considerándolos de alto riesgo.
Aquí es donde surge uno de los principales problemas del e-waste: muchos países ricos se limitan a exportar sus residuos a países pobres. El problema es suficientemente grave para que en 1989 se firmara el Convenio de Basilea7, para regular el movimiento transnacional de residuos peligrosos, y que en 1994 se adoptara la prohibición de la exportación de todo tipo de residuos peligrosos de países de la OCDE a países de fuera de la OCDE por cualquier razón, incluyendo para reciclaje. De los 30 países de la OCDE, sólo los Estados Unidos no han ratificado el Convenio, aunque países como Canadá, Australia, Corea del Sur y Japón, a pesar de ser miembros del Convenio no están de acuerdo con esta prohibición y a menudo han apoyado a los Estados Unidos en sus protestas por la prohibición.

¿Por qué hay tanto e-waste ?

Una parte es por culpa de la obsolescencia programada. Hemos hablado antes de la ley de Moore, que indica que la complejidad de los productos de AT se duplica cada dos años, aproximadamente. El problema es que esta ley ha dejado de ser una observación para convertirse en un objetivo para muchos fabricantes.
Para mantener esta carrera de ofrecer más memoria, discos más grandes, móviles con más posibilidades, los fabricantes invierten cada vez más dinero en I + D, y el proceso de fabricación es cada vez más caro. ¿Cómo se pueden mantener tanto los precios, si cada vez es más caro ofrecer algo nuevo? La respuesta es la venta masiva de productos y el abaratamiento de los costes de producción. Una vez desarrollado producto y creada la línea de producción, cuantos más productos se vendan y más baratos sea hacerlos, más beneficios se sacarán. Por tanto, es necesario que los usuarios compren los nuevos productos.

¿Tan malas son las nuevas tecnologías?

No, en absoluto. Las nuevas tecnologías son un motor de desarrollo, y el desarrollo de una sociedad es uno de los motivos que hace esta sociedad más sensible a los derechos humanos. Para hacernos una idea del impacto de los productos de AT, diremos que el sector de las TIC (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones) suponen el 5.8% del PIB mundial y se espera que crezca hasta el 8.7% el 202012. El uso de computadores, Internet o los teléfonos móviles son un factor importante para el desarrollo: por ejemplo, en Kerala (India) la introducción de móviles ha contribuido al incremento del 8% en el beneficio de los pescadores, y una bajada del 4% en el precio de los consumidores.

¿Qué podemos hacer?

Ante todo, ser conscientes de los impactos ambientales y sociales que conlleva un consumo desmedido, descontrolado e irresponsable de la alta tecnología por parte de todos. Los ciudadanos tenemos derecho a la información. Con la Ley 27/200616 se incorporó a la legislación española el Convenio de Aarhus17, que obliga a los Estados firmantes a garantizar la participación pública en la toma de decisiones que afecten al medio ambiente, al tiempo que asegura a los ciudadanos los derechos de acceso a la información medioambiental y a la justicia en materia de medio ambiente. Esta ley es un paso considerable para la protección democrática del medio ambiente, pero sólo es de aplicación en países de Europa donde el impacto ambiental y social del consumo del material informático es menor, además de que no responsabiliza directamente a los fabricantes de informar sobre la peligrosidad o inocuidad de sus productos.
Por último, pero muy importante, podemos alargar la vida de los productos de AT. Pensemos si realmente necesitamos cambiar tan a menudo de móvil, de agenda, de ordenador. Intentar reparar los productos antes de comprar otros nuevos, y una vez decidimos que queremos cambiar, antes de enviarlos a reciclar, pensar si  se puede alargar su vida dándolos a organizaciones que alargan su vida útil Como conclusión, queremos insistir en que los productos de alta tecnología pueden ofrecer muchas ventajas, y ser la solución a muchos problemas, pero su ciclo de vida no es, por ahora, sostenible. Para serlo deberíamos ser conscientes de las implicaciones sociales y medioambientales que tiene tanto hacerlos como deshacerse de ellos. Está en nuestras manos exigir a los gobernantes, los fabricantes y a nosotros mismos un uso racional y adecuado de la alta tecnología, para evitar que productos aparentemente inocentes puedan atentar contra los derechos más básicos de los seres humanos.


CARLOS ALBERTO GÓMEZ MACHUCA.

No hay comentarios:

Publicar un comentario